martes, 4 de febrero de 2014

La escritura: una herramienta cultural que facilita el desarrollo cognitivo, rescata la memoria y privilegia el poder

Columnista Hugo Andrés Arévalo González.
“Miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante, alguien me deletrea”, Octavio Paz

Desde la aparición de la imprenta –ahora evolucionada a impresoras, computadores y dispositivos móviles, etc.- de Johann Gutenberg en el siglo XV, la escritura ha alcanzado un desarrollo que ha permitido no solo educar, gracias a la difusión que se podía hacer con los libros, sino también rescatar memoria y fortalecer algunas identidades –algunas, porque hay culturas que no utilizan escritura sino oralidad-. La escritura es una herramienta cultural puesto que hace parte de la cultura, entendida como todos los significados del mundo que tienen tanto la sociedad como el individuo: “la cultura es entendida como un proceso (o red, malla o entramado) de significados en un acto de comunicación, objetivos y subjetivos, entre los procesos mentales que crean los significados (la cultura en el interior de la mente) y un medio ambiente o contexto significativo (el ambiente cultural exterior de la mente, que se convierte en significativo para la cultura interior)[1]”.

La representación escrita es una herramienta que permite la construcción del conocimiento desde lo que se sabe, de lo que se habla (por lo tanto se vuelve un proceso cognitivo en permanente resignificación): “la escritura afecta nuestra cognición. Al aprender a escribir también inauguramos una frontera de nuestra mente; no es sólo un problema de redacción, es ante todo, una reformulación o una reconstrucción de nuestra interioridad psíquica[2]”. Se podría decir que el hecho de escribir y hablar, son dinámicas que juntas prevalecen para una sola causa, en términos generales: el desarrollo del individuo: “se aprende a escribir, en parte, con el fin de aprender a expresarse correctamente y con precisión en las exposiciones orales[3]”. Como es un proceso de retroalimentación ente pensamiento, habla y escritura, estos se alimentan entre sí, sin posicionarse ninguno como más importante que otro, y con la finalidad de permitir el desarrollo cognitivo del individuo. Si se le prestara atención detenidamente al proceso cognitivo, se verían dinámicas complejas que hacen parte del pensamiento de un ser humano, y que en general se dan con más frecuencia en la escuela, el colegio y universidad, donde estudiantes y docentes deben observar paso a paso las construcciones textuales que les permitirán diseñar la manera de hablar según lo que piensan; en palabras de Reina Caldera:

Según la concepción cognoscitiva, escribir es un proceso que requiere la participación activa del escritor quien debe aplicar operaciones mentales muy complejas: planificar, redactar y revisar. Cada una de estas operaciones requiere que el que escribe tenga en cuenta diversos niveles textuales que involucran varios aspectos: propósito del escrito, posible lector, plan de acción de la tarea de escritura, contenido, características del tipo de texto, léxico adecuado (uso de términos comunes o técnicos según el lector al que se dirige), morfosintaxis normativa (forma y estructura de las palabras y párrafos), cohesión (que haya relación de lo que se dice), ortografía, etc. De esta manera, la escritura es entendida como producción de textos de diversos tipos y con varios fines, un proceso complejo de alto compromiso cognitivo, que necesita destinarle suficiente tiempo en el aula para atender a las diferentes fases por las que pasa la elaboración de un texto[4].

Otra de las características importantes que nos brinda el hecho escritural, es que es una herramienta para luchar contra el olvido, para lograr la inmortalidad, para rescatar nuestras memorias: “con la escritura dejamos de estar presos del mito, rompimos las fronteras de lo inmediato, salimos del pequeño mundo de nuestro cuerpo para vislumbrar la historia, la ciencia, la ley. Es gracias a esta tecnología de la mente como logramos quebrarle el espinazo al olvido, como pudimos saltar por encima de las edades y las lenguas, como nos hicimos más universales, más perennes[5]”.

Un ejemplo histórico de legado, memoria y conocimiento mediante la escritura, nos lo facilitaron los griegos: ‘la civilización creada por los griegos y romanos fue la primera de la tierra fundada en la actividad del lector común; la primera equipada con medios para expresarse adecuadamente con palabras escritas; la primera es capaz de poner la palabra escrita en circulación general; en pocas palabras, la primera en convertirse en letrada en el sentido pleno del término, y en transmitirnos su cultura escrita[6]’.

Por último, no debe descartarse que todo en la sociedad humana tiene su contrapeso, y esencialmente es la escritura otra temática que no se aparta de esta dualidad; al ser parte de la cultura, da orden, jerarquiza, y por lo tanto discrimina; la escritura es una herramienta de poder; el ser humano no hará nunca algo que no tenga una funcionalidad y menos, aun, que no sirva a los intereses de él mismo o su círculo cercano: ‘al parecer, el arte de la escritura está estricta y casi inevitablemente conectado con la urbanización y el intercambio comercial[7]’. Y en este caso, el círculo cercano, termino siendo todo el mundo.

Nuestra cultura occidental que utiliza con frecuencia términos como “progreso” y “desarrollo” incluso en la escritura, ha sido construida poco a poco en una visión clasista, discriminatoria y egocéntrica, en algunos casos: ‘el uso de letras es la principal circunstancia que distingue un pueblo civilizado de una horda de salvajes, incapaz de conocimiento y reflexión[8]’. La cita anterior, de entrada, sí es un comentario debatible; si se analiza a la luz de la realidad hoy en día, desde la experiencia individual y/o familiar, uno podría recordar el cambio de vida que han tenido personas sin educación alguna, y que después de años de trabajo mal pagado, llegan a ser grandes empresarias.

Para ponerlo más complejo aún, el antropólogo Lévi-Strauss comenta el dominio incluso, a nivel de esclavitud que genera esta herramienta cultural:

Si queremos correlacionar la aparición de la escritura con otras características de la civilización, debemos buscar en otra parte. Uno de los fenómenos invariablemente presentes es la formación de ciudades e imperios: la integración en un sistema político, es decir, de un considerable número de individuos, y la distribución de esos individuos en una jerarquía de castas y clases…parece favorecer la explotación y no el esclarecimiento de la humanidad. Esta explotación hizo posible reunir a los trabajadores por millares y fijarles tareas que los agobiaron hasta los límites de su fuerza. Si mi hipótesis es correcta, la función primaria de la escritura, como medio de comunicación, es facilitar la esclavitud de otros seres humanos. El uso de la escritura con fines desinteresados, y con vistas a satisfacer el espíritu en el campo de las ciencias y las artes, es un resultado secundario de su invención (y tal vez no sea sino una manera de reforzar, justificar o disimular su función primaria[9]).

Finalmente, la escritura así como facilita el desarrollo cognitivo de los individuos, y nos in inmortaliza, nos separa paradójicamente a los unos de los otros, por las barreras de clasismo (en este caso, que una persona se creer mejor que otra por saber leer y escribir). En pocas palabras, la escritura es doble cara: si el desarrollo cognitivo y el rescate de nuestras memorias son las venas de la escritura; segregación, clasismo y poder hacen parte de su sangre, que son una violencia simbólica: “todo poder de violencia simbólica, o sea, todo poder que logra imponer significados e imponerlas como legítimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza[10]".


[1]  MILLÁN, Tomás R. Austin. ‘Para comprender el concepto de cultura’. Marzo, 2000. P. 7-8. Recurso online: http://www.javeriana.edu.co/Facultades/C_Sociales/Profesores/jramirez/PDF/Austin-concepto_de_cultura.pdf

[2]  OLSON, R. David. El mundo sobre el papel. El impacto de la escritura y la lectura en la estructura del conocimiento. Gedisa Editorial. P.1

[3]  OLSON, op. cit., p. 24.

[4]  CALDERA, Reina. Revista Educere, Venezuela. El enfoque cognitivo de la escritura y sus consecuencias metodológicas en la escuela - Reina Caldera - Universidad de los Andes. P. 34-365. Link: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/356/35662002.pdf

[5]  VÁSQUEZ, Fernando. Un mosaico de reflexiones y estrategias alrededor de la escritura. Revista Actualidades Pedagógicas Nº 51: 101-114 / Enero - junio 2008. P.3.

[6]  OLSON, op. cit., p. 27.

[7]  OLSON, op. cit., p. 25.

[8]  Ibíd., p. 25.

[9]  OLSON, op. 29-30.

[10]   COLLAZOS, Peña, Wilmar. La violencia simbólica como reproducción biopolítica del poder. Revista Latinoamericana de Bioética, vol. 9, núm. 2, julio-diciembre, 2009, pp. 62-75. Título: ‘El poder de la violencia simbólica’. P. 5 Recurso online: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=127020306005

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