lunes, 26 de marzo de 2012

La barrera cultural hispana

Por Santiago Gamboa (El Espectador).
Viernes 23 Marzo 2012

Santiago Gamboa: La barrera cultural hispanaHace poco, en una tertulia en el Instituto Cervantes de Roma, se volvió a debatir la idea de la lengua española y su crecimiento en el mundo, lo que podía interpretarse como un avance para la cultura hispana, siendo la única, hoy por hoy, en condiciones de enfrentar la avasalladora supremacía del inglés. Esta fue la tesis de partida, pero pronto comenzaron los matices.

Que crezca el número de personas que quieren hablar español como segunda o tercera lengua, ¿es realmente un síntoma de avance de la cultura en español? Es curioso. No hay duda de que quien conoce un idioma tarde o temprano podrá acabar leyendo un libro, viendo una película o interesándose por otros fenómenos culturales ligados a esa lengua. Pero es evidente que la cultura, a la hora de aprender un idioma o de elegirlo para los hijos, es un motivo que pierde fuerza, al menos la cultura entendida en términos ilustrados (la búsqueda de la excelencia). En su lugar hoy predominan motivos de otro tipo: las posibilidades comerciales, la extensión geográfica o demográfica, o incluso esa forma moderna de “cultura ligera” que es el entretenimiento (las antiguas secciones Cultura de los periódicos hoy se llaman Entretenimiento).

Pero si la vemos frente al inglés, la desproporción sigue siendo enorme. Incluso en las propias filas hispanas. El escritor peruano Fernando Iwasaki contó que en una reciente encuesta del diario español ABC entre 25 escritores (23 españoles y 2 latinoamericanos residentes en Barcelona), a quienes se les pidió citar 5 libros importantes del siglo XXI, sólo hubo 14 votos (de 125 posibles) para libros en español: 6 para Vargas Llosa, 6 para Bolaño, 1 para Vila-Matas y 1 para Javier Marías. Los restantes 111 fueron para autores ingleses, norteamericanos, sudafricanos, australianos o irlandeses.

Cabe preguntarse qué resultado arrojaría una encuesta similar entre 25 escritores ingleses o norteamericanos. Dudo que se mencione a algún autor de lengua española (puede que a Bolaño), pues a la mayoría la literatura en español le es completamente indiferente. En una ocasión Laura Restrepo le preguntó en público a varios autores ingleses qué conocían de literatura española. Estos se miraron algo turbados y, al final, respondieron todos lo mismo: García Márquez, Borges. Y hace poco, en Cartagena, Jonathan Franzen deambulaba por el hotel con su traductor, siempre solo y como protegido por un láser antipersona, sin el menor interés por saber quiénes eran o qué hacían esos extraños autores en lengua española que evolucionaban de aquí para allá en el decorado caribeño (del que, tal vez para él, formaban parte).

En Colombia, donde todos siguen las series de televisión de EE.UU., y, sobre todo, donde hablar inglés significa mucho más que saber otro idioma y se convierte en algo así como un sello de clase, una transfusión de sangre azul, los resultados serían muy parecidos a los de España. Lo que nos lleva a la conclusión de que, si bien hay algunos millones de chinos que ya pueden decir con fluidez “Yo me llamo Li”, y otros tantos indios o incluso ingleses rompiéndose la cabeza con la diferencia entre “ser” y “estar”, la verdad es que la cultura en lengua española avanza poco y debe renovar su prestigio, propagarse y promocionarse sobre todo al interior de sí misma.

1 comentario:

luisa fernanda buenaventura dijo...

En este texto, nos enfrentamos a un debate contemporáneo que incluye de manera significativa a todas las ciencias sociales en general. Sin duda, un objeto de estudio fácilmente abordado por todas estas ramas frente al contexto histórico y cultural, que implicó el colonialismo y la articulación de otras lenguas en Latinoamérica o de habla hispana. Si bien, en los tiempos de la colonia el español, por ser español, ya tenía una ventaja significativa hablando en términos de igualdad y equidad, actualmente el extranjero podría estar ocupando el lugar de que le correspondió al español en su tiempo. Para entender este contexto de una forma local y global, basta sólo con ver la situación que vive actualmente la universidad Icesi. En los últimos dos años el número de estudiantes de intercambio que vienen de lugares como Francia, Estados Unidos y Alemania se ha incrementado significativamente, sólo en los dos últimos semestres académicos (11-1 y 12-1) han ingresado casi 30 estudiantes que vienen a este país, y a esta ciudad, para hacer sus respectivos semestres de intercambio, sin mencionar que casi el 20% de esos estudiantes, ingresaron a la facultad de derecho y ciencias sociales. Sí bien para la universidad es de gran orgullo contar con estos estudiantes, sin duda, estamos en una confrontación de tipo académico y cultural. Digo esto sin el ánimo de ofender, pues para nosotros como estudiantes también es de gran orgullo el aporte cultural que nos puedan estar brindando los homólogos de intercambio, y porque no, romper con los estereotipos hegemónicos contemporáneos en términos idiomáticos. La cuestión es en este caso, plantearnos estas confrontaciones en el aula de clase, ya que para un extranjero, que está perfeccionando una lengua no nativa para él, muchas veces se presta para malas interpretaciones en términos equitativos. Muchos estudiantes tienen la percepción de que no se les califica de la misma manera que a los extranjeros, pues a ellos “ se les exige menos y se les califica mejor” cómo lo argumento una compañera en la discusión sobre este tema, y por consiguiente muchas veces deja la impresión de que no hay una equidad o una igualdad en lo que respecta a las calificaciones. Sin embargo, queda la relación planteada por los profesores, pues es difícil imponer un nivel de exigencia mayor a un estudiante que está viendo una materia que no es en su lengua nativa, y por consiguiente la escritura es mucho más compleja, en relación con un estudiante que entiende el Español y que lo tiene cómo lengua nativa, pero que muchas veces tiene problemas de redacción y ortografía. Recuerdo el semestre pasado en una clase donde se encontraban bastantes estudiantes extranjeros, la interrupción por parte de ellos para que les explicaran palabras como “camello” (refiriéndome a la acción de trabajar) “chuspa” (bolsa) ó “parce” (amigo), pues el significado y las jergas populares suelen ser diferentes dependiendo el lugar o el contexto donde se encuentre. Una cosa si cabe resaltarle a estos estudiantes y espero que nos sirva de ejemplo, que no muchas veces se debe a una cuestión de preferencia, por parte de los profesores, sino mas bien a una cuestión de disciplina, para nadie es un secreto que la mayoría de nuestros compañeros extranjeros tienen una disciplina envidiable, que contrasta con la tesis inicial sobre el colonialismo, sin embargo, cabria platearse la pregunta acerca de que, si estas preferencias que hemos plateado aquí se aplican para los estudiantes colombianos, icesistas que se van a estos lugares hacer sus intercambios, ya que no hay garantía que no le suceda lo que les sucedía a los Criollos que salían de la colonia hacia Europa , ya que eran tratados como la “la mancha de la tierra” o unos seres culturalmente inferiores, espero que eso haya cambiado, y que no se aplique a los colombianos que están de intercambios, que los critican por la pronunciación mal hecha del ingles , y peor aún, del francés o el alemán, ya que son países con una identidad hacia el idioma muy fuerte.

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