miércoles, 29 de junio de 2011

Oranienburg: KZ-Sachsenhausen

Columnista Adolfo A. Abadía.

Las siguientes fotos las tomé hacia finales de un invierno, exactamente, el invierno del 2008 el día 13 de marzo. Ese día fuimos guiados un grupo de estudiantes de alemán del Goethe Institut-Berlín y yo, con caracter de acompañante, por un sobreviviente (ver foto) del campo de concentración visitado en la tarde de ese domingo.

El Konzentrationslagar (campo de concentración), abreviado KZ, de Sachsenhausen, se encuentra ubicado en la población de Oranienburg, en el estado de Brandeburgo, Alemania. Este KZ fue construido por los alemanes Nazis en 1936 y es considerado uno de los primeros campos con la intención de retener, confinar o liquidar masivamente a opositores políticos, judíos, gitanos, homosexuales, posteriormente también prisioneros de guerra entre otros.

Se estima que alrededor de unas 30.000 personas fueron asesinadas dentro del campo de aproximadamente 34 países distintos, por eso, en la zona de fusilamientos se observa placas de los distintos países en memoria de las personas que perdieron, inhumanamente, la vida en ese lugar.

En este campo de concentración se llevó a cabo con mano de obra judía una de las falsificaciones monetarias más complicada de la historia, sorprendentemente fructuosa, llamada Operación Bernhard. Los alemanes buscaron prisioneros que conocieran oficios como fotografía, dibujo y otros relacionados con el arte de la imagen. De allí partió sin conocer su destino un grupo de 140 prisioneros judíos que habían sido seleccionados para llevar a cabo estas operaciones de falsificación. La pericia de este colectivo de prisioneros en el campo de la imagen y la fotografía redundó en la mayor falsificación jamás llevada a cabo en la historia de la humanidad y en la salvación de sus propias vidas

Al parecer, en este campo se falsificaron nueve millones de billetes valorados en 650 millones de dólares, principalmente, concentrado en las divisas británica (Libras Esterlinas) y de los Estados Unidos de America (US-Dólares). La magnitud de este hecho fue tal que el Reino Unido consideró necesario un cambio de formato de los billetes de libras esterlinas debido a que después de varios años aún se encontraban en circulación muchos de estos billetes falsificados..

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

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Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

Campo de concentración de Sachsenhausen

“aquí, en el Lager, no hay criminales ni locos: no hay criminales porque no hay una ley moral que infringir; no hay locos porque estamos programados y toda acción nuestra es, en cuanto a tiempo y lugar, sensiblemente la única posible” (Levi, 2005:129)

Los Konzentrationslager (KZ), campos de concentración, fueron laboratorios humanos donde se eliminaron, sistemáticamente, las condiciones humanas y las prácticas sociales características del hombre social. En este sentido, los KZ no deben ser considerados, únicamente, como medios para “exterminar a las personas y degradar a los seres humanos, sino también para servir a los fantásticos experimentos de eliminar, bajo condiciones científicamente controladas, a la misma espontaneidad como expresión del comportamiento humano y de transformar a la personalidad humana en una simple cosa, algo que ni siquiera son los animales” (Arendt, 2002:253). Además de lo anterior, la ruptura de los Weltanschaungen arraigados en cada uno de los Häftlingen, prisioneros, en un periodo de tiempo tan reducido es un fenómeno que no se había visto en el mundo moderno.

De esta manera, los Nazis al despojar a los Häftlingen de sus costumbres y ritos, al romper con su cotidianidad y sistema creencia, no solo incurren en un campo desconocido donde, inicialmente, no existían referencias históricas semejantes sino posibilidades observadas de reacción, sino que también instauraron un nuevo sistema de gobierno, el totalitarismo, donde se reprime todo tipo de respuesta que manifieste, directa o indirectamente, un desacuerdo con la línea de pensamiento impuesta por el régimen en la medida en que se construye y materializa a distinción binaria de amigo y enemigo, de nosotros y los-otros, que llevó al extremo el ejercicio de la dominación, represión y control de la subjetividad, tanto a fuera como a dentro del KZ.

Este ensayo considerará, exclusivamente, la situación de dominación de los Häftlingen dentro de los KZ, siendo ahí donde se lleva a cabo el experimento de la dominación total, en la medida en que refleja una inédita y “gigantesca experiencia biológica y social” (Levi, 2005:117) de deshumanización. Hannah Arendt (2002) analiza los eventos ocurridos dentro de los KZ y plantea 3 pasos: la pérdida de la persona jurídica, la pérdida de la persona moral y la pérdida de la humanidad, para entender el proceso de deshumanización de los judíos. Primero, explicaré en qué consisten estos pasos; segundo, describiré algunas de las prácticas que se llevaban a cabo en los KZ, para luego explicar su relación con el proceso de deshumanización. Me serviré del texto Si esto es un hombre de Primo Levy (2005) para citar ejemplos de las etapas del proceso de deshumanización.


Deshumanización total en tres pasos
La pérdida de la persona jurídica

Este primer paso hace referencia a la situación legal de los Häftlingen en los KZ. Los Nazis se idearon una forma de aislar a los Häftlingen de cualquier sistema legal al que pudiera acudir como portadores de derechos civiles. Fue así que “colocando a ciertas categorías de personas fuera de la protección de la ley y obligando al mismo tiempo al mundo no totalitario, a través del instrumento de la desnacionalización, al reconocimiento de la ilegalidad” (Arendt, 2002:665) los Nazis excluyeron a los judíos en los KZ de cualquier tipo de protección legal que pudieran demandar de algún sistema penal nacional e internacional. En este sentido, los nazis lograron situar los KZ “fuera del sistema penal normal y seleccionando a sus internados fuera del procedimiento judicial normal en el que a un delito definido corresponde una pena previsible” (Arendt, 2002:665).

Una de las practicas que ejemplarizan esto fenómenos es la detención arbitraria de personas consideradas como inocentes. Lo anterior debido a que ésta “destruye la validez del asentimiento libre” (Arendt, 2002:670) en la medida que invalida el principio legal llamado Hábeas corpus. Éste es un “procedimiento destinado a la protección del derecho a la libertad personal, por el que se trata de impedir que la autoridad […] pueda prolongar de forma arbitraria la detención […] de un ciudadano” (Encarta, 2007). En otras palabras, la condición de prisionero no surge de la desobediencia de alguna norma o ley que tenga como castigo la detención en sí, sino su detención responde a un motivo fijado arbitrariamente sin lógica coherente de causa y efecto.

Cuando Primo Levi (2005) narra sus reflexiones de cómo fue privado de su libertad, está ejemplarizando la pérdida de su persona jurídica. Esto se hace más evidente cuando afirma que no conoce los motivos por los cuales debía de sentir arrepentimiento o necesidad de pedir perdón.

Para los condenados a muerte la tradición prescribe un ceremonial austero, apto para poner en evidencia cómo toda pasión y toda cólera están apaciguadas ya, cómo el acto de justicia no representa sino un triste deber hacia la sociedad, tal que puede ser acompañado por compasión hacia la víctima de parte del mismo ajusticiador. Por ello se le evita al condenado cualquier preocupación exterior, se le concede la soledad y, si lo desea, todo consuelo espiritual; se procura, en resumen, que no sienta a su alrededor odio ni arbitrariedad sino la necesidad y la justicia y, junto con el castigo, el perdón.
Pero a nosotros eso no se nos concedió, porque éramos demasiados, y había poco tiempo, y además ¿de qué teníamos que arrepentirnos y de qué ser perdonados? (Levi, 2005:33)

La pérdida de la persona moral

El segundo paso de deshumanización llega a su máxima expresión cuando “han corrompido toda solidaridad humana” (Arendt, 2002:670), es decir, cuando se elimina la condición humana de la conciencia reflexiva y moral. En este estado, las decisiones de individuo se vuelven ambiguas y giran en torno a su propia supervivencia. La supervivencia como elemento único que moviliza y guía los actos de los Häftlingen, crea “condiciones bajo las cuales la conciencia deja de ser adecuada y el hacer el bien se torna profundamente imposible, la complicidad conscientemente organizada de todos los hombres en los crímenes de los regímenes totalitarios se extiende a las víctimas y así se torna realmente total” (Arendt, 2002:672).

Hannah Arendt (2002) presenta un ejemplo de este segundo paso de deshumanización. Éste consta de la toma de decisión de alternativas inhumanas, “la alternativa ya no se plantea entre el bien y el mal sino entre el homicidio y el homicidio” (Arendt, 2002:671). En este sentido, el que tenga una madre decidir cuál de sus hijos tendría que morir refleja una problemática moral por medio de la cual los Nazis pretendían deshumanizar a los judíos (Arendt, 2002:671-672).

Primo Levi (2005) también describe experiencias que reflejan perdida de la moralidad humana. Por ejemplo, el hecho de conocer la noticia de que no ibas a morir en la próxima tanda de los enviados a la cámara de gas estando rodeado de personas que sí iban a ser enviados, el mero hecho de alegrarse por esa noticia estando en esas circunstancias, era casi que restregarle en la cara que no te importaba la vida de los demás.

Poco a poco, prevalece el silencio y entonces, desde mi litera que está en el tercer piso, se ve y se oye que el viejo Kuhn reza, en voz alta, con la gorra en la cabeza y oscilando el busto con violencia. Kuhn da gracias a Dios porque no ha sido elegido.

Kuhn es un insensato. ¿No ve, en la litera de al lado, a Beppo el griego que tiene veinte años y pasado mañana irá al gas, y lo sabe, y está acostado y mira fijamente a la bombilla sin decir nada y sin pensar en nada? ¿No sabe Kuhn que la próxima vez será la suya? ¿No comprende Kuhn que hoy ha sucedido una abominación que ninguna oración propiciatoria, ningún perdón, ninguna expiación de los culpables, nada, en fin, que esté en poder del hombre hacer, podrá remediar ya nunca? (Levi, 2005:165)

La pérdida de la humanidad

El tercer paso se puede definir como la perdida de la diferencia, de la espontaneidad, de la autonomía. En otras palabras, este paso se relaciona con la perdida de la individualidad, es decir, el aniquilamiento del libre albedrio, del pensamiento y la voluntad. La perdida de valores humanos se relaciona con la homogenización total y la erradicación de la reflexión razonable sobre la consecuencia de los actos propios. En este sentido, “destruir la individualidad es destruir la espontaneidad, el poder del hombre para comenzar algo nuevo a partir de sus propios recursos, algo que no puede ser explicado sobre la base de reacciones al medio ambiente y a los acontecimientos” (Arendt, 2002:675).
Esto se hace evidente, según Hannah Arendt (2002), cuando se logra tal grado de deshumanización que la “víctima torturada se deje llevar hasta la trampa sin protestar”, en otras palabas, “que renuncie a sí misma y se abandone hasta el punto de dejar de afirmar su identidad” (Arendt, 2002:675-676).

Primo Levi (2005) ve en uno de los dos tipos de hombres de la KZ, la categoría de los Mus3lmänner (los perdidos), un ejemplo de este tercer paso de deshumanización. Este tipo de hombres refleja la perdida de los calificativos característicos de los humanos.

Basta cumplir órdenes que se reciben, no comer más que la ración, atenerse a la disciplina del trabajo y del campo. La experiencia ha demostrado que, de este modo, sólo excepcionalmente se puede durar más de tres meses. Todos los "musulmanes” que van al gas tienen la misma historia o, mejor dicho, no tienen historia; han seguido por la pendiente hasta el fondo, naturalmente, como los arroyos que van a dar a la mar. Una vez en el campo, debido a su esencial incapacidad, o por desgracia, o por culpa de cualquier incidente trivial, se han visto arrollados antes de haber podido adaptarse; han sido vencidos antes de empezar) no se ponen a aprender alemán y a discernir nada en el infernal enredo de leyes y de prohibiciones, sino cuando su cuerpo es una ruina, y nada podría salvarlos de la selección o de la muerte por agotamiento.

Su vida es breve pero su número es desmesurado; son ellos, los Muselmänner, los hundidos, los cimientos del campo, ellos, la masa anónima, continuamente renovada y siempre idéntica, de no hombres que marchan y trabajan en silencio, apagada en ellos la llama divina, demasiado vacíos ya para sufrir verdaderamente. Se duda en llamarlos vivos: se duda en llamar muerte a su muerte, ante la que no temen porque están demasiado cansados para comprenderla. (Levi, 2005:120-121)

Mal radical

El mal radical es la expresión que “pone fin a la noción de desarrollo y transformación de cualidades” (Arendt, 2002:660), es afirmar la existencia de que, como sospechó Kant, existe una “mala voluntad pervertida” (Arendt, 2002:680). Es la manifestación, en términos weberianos, de la maldad de tipo ideal. Ideal no en el sentido romántico del término, sino del extremo máximo de expresión del significado del concepto per se.

El proceso de deshumanización del régimen Nazi, es la manifestación del mal radical. Éste radica en la construcción de un “sistema en el que todos los hombres se han tornado […] superfluos” (Arendt, 2002:681). Es decir, en la media en que los judíos no eran concebido como personas portadoras de derechos, ni de una moral ni de valores individualizadores, máximas como todo es posible llegan al extremo donde realmente “todo” es posible sin la necesidad de una justificación suficiente y válida que motive los actos.


Bibliografía

ARENDT, Hannah (2002). “3. Dominación total” en Los orígenes del totalitarismo - 3: Totalitarismo [Título original The Origins of Totalitarianism – Parte III: Totalitariansm], pp. 652-681. Madrid: Alianza Editorial.

LEVI, Primo (2005). Si esto es un hombre. Trilogía de Auschwitz. [Traducción de Pilar Gómez Bedate]. Barcelona: El Aleph Editores.

ENCARTA (2007). Enciclopedia encarta. Microsoft Corporation.

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