miércoles, 5 de enero de 2011

El legado de la revolución francesa

Columnista A.oflodA.

Reconstrucción de una línea de tiempo de los procesos históricos claves para el desarrollo de la revolución francesa

Durante el «Reinado del Terror» se articulan los difernetes «actores» que influirían de manera directa la revolución en Francia. El reinado del terror duro de septiembre de 1793 a la primavera de 1794 y empezó cuando la «Convención de Salvación Pública»[1] votó en favor de instrumentar las medidas de terror para reprimir las actividades contrarrevolucionarias.

De los eventos primordiales que dieron pie a este periodo terror en Francia cuentan el asalto a la Bastilla y el palacio de la Tullerías por parte de un movimiento revolucionaria llamado «Sans-Culottes»[2]. Los Sans-Culottes eran, por un lado, un grupo de personas que no se identificaban con lo más pobres ni con la burguesía, ellos conformaban una clase social integrada por trabajadores independientes, pequeños comerciantes, artesanos, carpinteros, sastres, entre otros. Por el otro lado, por su elevado número de simpatizantes, constituían una población significativa e importante del «Tercer Estado»[3] en Paris. Por años fueron víctimas de injusticias y continuos maltratos por parte de los estamentos privilegiados, hasta tal punto que fueron acumulando csierto odio y rencor con la minoría de la población que disfrutaba de todos los lujos. Con el inicio de la revolución despertó en ellos el sentimiento de venganza y, a continuación, se convirtieron en una fuerza de choque popular protagonizando varias revueltas en la escena política revolucionaria. Políticamente, apoyaban a los representantes más radicales, a los llamados jacobinos.

La muerte de «Jean-Paul Marat» engrandeció su imagen entre sus seguidores. La población más pobre de la sociedad lo identificó como el mártir de la Revolución. Cuando los Jacobinos iniciaron la etapa de descristianización, éste fue casi santificado y, muchas veces, su busto sustituía crucifijos en antiguas iglesias. Marat se identifico con los sectores más desposeídos de la sociedad y apoyo el ala izquierda de la Revolución. Del mismo modo, fue detestado por los aristócratas y burgueses. Estuvo a favor de las medidas radicales con las masacres a los llamados «Enemigos de la Revolución»[4]. Ayudo a consolidar el Reinado del Terror elaborando «Listas Negras». El 13 de julio de 1793 fue apuñalado en su bañera por la girondina «Charlotte Corday».

MarianneEl abuso de poder por parte de «Maximilien de Robespierre» corroboró, en una magnitud incalculable, a los eventos violentos sucedidos durante el Reinado del Terror. Robespierre fue también conocido como «El Incorruptible» por su apatía y resistencia a los sobornos. A pesar de haber sido un firme partidario de la abolición de la pena de muerte llego a justificarla siempre y cuando el ejecutado fuese un enemigo. Cuando le preguntaron el porqué de su cambio de percepción frente al tema, él respondió, sencillamente, “los tiempo cambian”. Sentenció a la guillotina a miles de personas, muchas de ellas obreros y campesinos.

Robespierre fue símbolo de ruptura con el pasado absolutista y la monarquía. Lideró al Comité de Salvación Publica junto a otros líderes jacobinos como «Georges Danton». Durante la descristianización apoyó la noción de cambio del calendario gregoriano por uno llamado el «Calendario Republicano». Éste fue abolido, posteriormente, en 1805 por Napoleón.

Durante su liderazgo político, Robespierre usó el terror como mecanismo de poder y unión del Estado. Él aspiraba a formar un «Estado de virtud», pero asoció la virtud con el terror. También decidió que la unidad del gobierno sólo podía mantenerse eliminando tanto a los radicales como a los indulgentes, entre ellos Danton. Danton después de estas acusaciones fue juzgado por el «Tribunal Revolucionario» y sentenciado a la guillotina. Robespierre fue acusado de dictadura y fue guillotinado junto a 21 de sus colaboradores. La muerte de Robespierre significo el fin del Reinado del terror, pero no el fin de la Revolución.

Legado: político, económico, ideológico o una combinación de los tres.

A mi parecer, el legado de la Revolución Francesa es de carácter, meramente, «ideológico». Esta argumentación la apoyaré a partir del texto de Immanuel Wallerstein llamado Impensar las Ciencias Sociales, limites de los paradigmas decimonónicos. Es decir, el legado de la Revolución francesa no fue de carácter político ni económico.

No es político, pues después del Rey Luis XVI, un monarca absolutista, se vivieron unos tiempos déspotas, de violencia y de tiranía, que fueron perpetuados por el emperador Napoleón I. En estos tiempos, la «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano» fue solo una formalidad como respuesta a un golpe revolucionario en un estado de transición. Tampoco su legado se puede caracterizar como Económico, pues desde antes, “el comportamiento de la clase dominante era capitalista. En ese sentido, […] no tenían necesidad de revolución […] con el fin de obtener o buscar sus intereses fundamentales” (WALLERSTEIN, 1993:11).

Si no tomamos la revolución francesa como un evento aislado, sino como una consecuencia lógica, y casi natural, de la revolución intelectual, también conocida como «La Ilustración» o «Siglo de las Luces», entonces deberíamos lograr entender la Revolución francesa como la personificación de la libertad de pensamiento, opinión y expresión profetizada en la ilustración. Por eso vemos surgir, a partir de la revolución francesa hasta la primera mitad del siglo XIX, las ideologías que marcarían el desarrollo ideológico sistemático del mundo. Éstas son el conservadurismo, el liberalismo y el marxismo (WALLERSTEIN, 1993:19).

Cada uno de estos ideales representa una expresión y una respuesta a esta normalidad del cambio. En primera instancia, fueron las instituciones ideológicas, las ciencias sociales y los movimientos intelectual-culturales de la época. Más adelante, resultaron útiles para constituir objetivos políticos que normalizasen y concienticen la «idea del progreso» (WALLERSTEIN, 1993:18).

La Ilustración, como triunfo de la razón sobre el escepticismo y la fe, sembró en los franceses lo que en la Revolución brotó, es decir, el deseo de libertad, justicia e igualdad social y de oportunidades. Esta pasión por el cambio y progreso se idealizó y fue exportada a Europa y al resto del mundo. Y este es el legado de la Revolución Francesa.


[1] Comité de Salvación Pública, órgano ejecutivo creado en abril de 1793 para apoyar y reforzar la acción del Comité de Seguridad General que existía desde 1792. El Comité de Salvación Pública era un cuerpo colegiado de diez o doce integrantes, según las épocas, encabezado por Maximilien Robespierre. Éste Comité se asemejó a una dictadura colectiva.
[2] Traduce literalmente «sin calzones».
[3] El tercer estado es uno de los tres estamentos sociales situado en el último puesto de una jerarquía establecida en los Estados Generales franceses de la edad media. Las otras dos distinciones, superpuestas, eran el clero, nobleza respectivamente. El tercer estado proporcionaba toda la riqueza y talento de la nación.
[4] Como enemigos de la revolución se hace referencia a movimiento contrarrevolucionario clerical y monárquico, así como el movimiento político del sector republicano moderado de la Revolución, conocido como los Girondinos, el cual fue eliminado, violentamente, por los jacobinos.

Bibliografía

MICROSOFT ENCARTA 2007. 1993-2006 Microsoft Corporation.

WALLERSTEIN, Immanuel (1991). Impensar las ciencias sociales, límites de los paradigmas decimonónicos; La revolución francesa como suceso histórico mundial. México: Siglo veintiuno editores, S. A.

1 comentario:

salome dijo...

me parece una paguina mui interesante solamente
falta mas informacion y mas apoyo

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