jueves, 3 de marzo de 2016

¿Cómo los medios de masas configuran formas de vida social e imaginarios?

Por Adolfo A. Abadía.

A la luz del texto de Lila Abu-Lughod (2005) Dramas of Nationhood. The Politics of Television in Egypt, me propongo a entender cómo los medios de masas configuran formas de vida social e imaginarios que permiten entender la idea de nación como un marco que definen (imponen) posturas ideológicas

La autora nos invita a mirar el impacto de la televisión en tanto a transmisor de mensajes, narrativas, imágenes y sentidos, en la vida cotidiana de los ciudadanos de una nación, como Egipto. Para ella, la televisión juega un importante rol en este proceso de configuración de un carácter hegemonizante del Estado-nación (Abu-Lughod, 2005). Para ello, la autora revisa el caso de Egipto y sostiene que su estudio se justifica por dos razones, principalmente, por un lado, la televisión puede dar cuenta de cómo se ha configurado el proceso de construcción de una cultura nacional, si se entiende como una institución; por otro lado, la televisión se ha involucrado en todo el proceso de construcción de nación y de sentimientos nacionales así como modelando imaginarios nacionales (Abu-Lughod, 2005).

Como antropóloga, su intención de fondo es hacer una etnografía del Estado(-nación) y para ello se ha propuesto rastrear cómo en Egipto se ha construido un imaginario de Estado-nación a partir de los medios masivos de comunicación, principalmente, la televisión. Por lo tanto, es importante partir de lo que se va a entender por estado-nación. Ella parte de la idea de comunidad imaginada (Anderson, 1991) y sugiere entender el Estado como un artefacto cultural. En este marco analítico, el Estado-nación constituye un modelo ordenador del día-día, y la autora lo ve cristalizado en las series que transmite los canales estatales de Egipto. Con esto en mente, metodológicamente, la autora propone una mirada articuladora, por un lado, de la circulación de sentidos, objetos e identidades culturales con perspectiva espacio-temporal difusa, y por el otro, de una etnografía multisituada identificando las conexiones con los "mundos" de la vida que se dan en diferentes lugares. Con esta propuesta, la autor intenta desentrañar las relaciones de las vidas particulares dentro de un sistemas más amplio (Abu-Lughod, 2005).

Dicho lo anterior, la autora reconoce que la televisión, mejor dicho, los programas y películas transmitidos por los canales nacionales, sus estrellas (actores/as) ofrecen formas de cómo naturalizar la nación. Lo que ocurre, por un parte, en la medida en que el ritmo de la cotidianidad se ve organizada según los tiempos de estos programas y por otra parte, porque trata preocupaciones nacionales "palpables": escándalos, corrupción, violencia, entre otros, articulando asuntos de orden estatal y religioso. En todo caso, la lógica detrás del asunto consiste en que por medio la televisión se imponen formas que modelan los componentes que inciden en la configuración ideológica de una nación.

Me causa inquietud, o más bien curiosidad, que la autora no registre (ni en la bibliografía) un texto como Homo Videns. La Sociedad Teledirigida (1997) o La opinión teledirigida. Videopolítica (1998) del italiano Giovanni Sartori (1997), quien aborda la relación de la televisión en su vínculo con la política y la construcción de ciudadanía, haciendo hincapié en el contenido que se transmite que condiciona el vivir y el convivir. Aunque Sartori se preocupa más sobre los tipos de contenidos (contenido/información frívola u objetiva) y cómo la televisión ha privilegiado el tipo de información que, el autor, entiende como carente relevancia “significante”. A esta conclusión llega el autor al advertir que la televisión ofrece un contenido que apela más al entretenimiento, distracción y diversión, que a la reflexión crítica. Lo que no debe constituir un asunto de desinterés pues, para Sartori, es la televisión, entre los demás tipos de medios de comunicación de su época, la principal fuente de información, es a partir de ella que los ciudadanos construyen su mirada sobre los asuntos cotidianos.

Lo que más me inquieta del asunto, es que para gran parte de la población que estudia el autor, la televisión es la única fuente de creación de opinión, para aprobar o desaprobar decisiones políticas. De esta forma, esta población solo puede opinar de la forma en que la televisión le induce (Sartori, 1998).

De ambas posturas, destaco su inquietud acerca de cómo la televisión (la cultura de la televisión como menciona Abu-Lughod, 2005) influye, tanto en la construcción de imaginarios, de símbolos, de identidades afín a un proyecto de nación particular, como en la determinación de los asuntos acerca de los cuales se opina, o al menos se tiene idea, en la cotidianidad social de los individuos que se constituyen como insumos para la toma de decisiones políticas.

Bibliografía
SARTORI, Giovanni (1998). “La opinión teledirigida. Videopolítica” [traducción al español por Valentina Valverde] en Claves de Razón Práctica, enero-febrero 1998, núm. 79.

ABU-LUGHOD, Lila (2005). Dramas Of Nationhood: The Politics Of Television In Egypt. (pags, 1-53, 111-134, 193-245)

ANDERSON, Benedict (1991). Imagined communities. London: Verso.

miércoles, 2 de marzo de 2016

¿Cómo etnografiar la realidad en la ilusión?

Por Laura Silva Chica.

Comprender cómo se viven las versiones de aquellos conceptos que estructuran nuestros sentidos comunes en la cotidianidad pareciera ser un asunto central para la etnografía. Más allá de ser un ejercicio que nos invita a descubrir qué hay detrás de la ilusión, es un camino que nos acerca a la realidad que hay en ella. Al pensar en lo que significa realizar una etnografía del estado, valdrá la pena entonces volver sobre aquellas narrativas y representaciones que se han edificado en cada uno de nuestros escenarios compartidos a propósito de éste. No son pocas las ocasiones en las que nos referimos al estado como una estructura ubicada sobre nosotros la cual está ahí para determinar y vigilar comportamientos. Sin embargo, si volvemos a él pensándolo como una idea, como un marco de referencia al cual recurrimos para establecer diálogos y concretar relaciones, como una humana ilusión, el campo de posibilidades se abre. En este punto vale la pena preguntarse entonces ¿Cómo etnografiar la realidad en la ilusión?

Íngrid Bolívar (2011) y Ángela Rivas (2011), nos invitan a reflexionar sobre la manera en que ha sido abordado conceptual y metodológicamente el estado. Ambas propuestas resultan de gran utilidad por cuanto nos presentan elementos centrales que deberíamos considerar al momento de proponernos etnografiarlo. En “El problema es la falta de estado”. La dificultad de etnografíar al estado, Rivas (2011) llama nuestra atención sobre los obstáculos y posibilidades que se nos presentan al intentar aproximarnos al estado como un sujeto de estudio. Su naturaleza elusiva y polisémica, aquella que nos impide delimitarlo, localizarlo y acotarlo, así como la tendencia a reificarlo son algunas de las principales dificultades. Ahora bien, sobre el cómo sortear este tipo de obstáculos, la propuesta de Rivas (2011), muy cercana a la postura de Bolívar (2011), será ir a la cotidianidad, al momento, sujetos y contextos sociales que producen o reproducen narrativas sobre el estado o en su nombre. Buscarlo en los efectos que produce, en los procesos de simplificación de realidades complejas que se atribuye (censos, políticas públicas, análisis estadísticos, etc.), o en la manera en que se lo alude, son algunas de las rutas que harán posible una etnografía del estado.

Sandra Patricia Martínez (2013) en su artículo Hacia una etnografía del Estado: reflexiones a partir del proceso de titulación colectiva a las comunidades negras del Pacífico colombiano, nos presenta el caso del proceso de titulación colectiva agenciado por los pobladores negros del Alto Atrato como una excusa para aproximarse al quehacer del etnógrafo del estado. Retomando algunos de los planteamiento realizados por autores como Abrams (1988), Gupta y Sharma (2006), Mitchell (1991), Hansen y Stepputat (2001), Nuijten (2003), Gupta y Ferguson (2002), entre otros, sobre la definición o aproximación metodológica a la comprensión del estado, Martínez vuelve sobre el caso del Consejo Comunitario Mayor de la Organización Popular Campesina del Alto Atrato –Cocomopoca–, para conocer las representaciones que la gente construye en torno al estado a partir de la interacción con los funcionarios a cargo de la implementación de la política de titulación de tierras de comunidades negras (Martínez, 2013). A través del análisis de las prácticas y representaciones de los miembros de Cocomopoca, Martínez (2013) da cuenta de cómo “el estado se presenta como una forma de organización social compleja, como una arena de regateo, cálculo y negociación entre actores diferencialmente situados”. Al volver sobre el estado como un artefacto cultural construido a partir de prácticas y representaciones sociales, de la interacción entre ciudadanos y funcionarios, la autora nos invita a comprender la realidad en la ilusión.

Referencias
Bolívar, I. (2011). “Prácticas disciplinares y promesas de la etnografía: redescubrir el estado”. En Margarita Chaves (comp.) La Multiculturalidad Estatalizada, pp. 49-66. ICANH

Martínez, S. P. (2013). “Hacia una etnografía del Estado: reflexiones a partir del proceso de titulación colectiva a las comunidades negras del Pacífico colombiano”. En: Universitas Humanística, no.75, enero-junio, pp. 157-187.

Rivas, A. (2011). "“El problema es la falta de estado” La dificultad de estenografiar el estado". En: Margarita Chaves (comp.) La Multiculturalidad Estatalizada, pp. 43-48. ICANH

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